lunes, 10 de marzo de 2008
lunes, 18 de febrero de 2008
Kawasaki y pre juicios
El hombre iba lo más tranquilo en su auto sport cuando, de repente, una moto se le pone a la par y el motociclista, antes de acelerar,.le grita: "Conocés a la Kawasaki....". El hombre, herido en su orgullo, levanta velocidad y un kilómetro más adelante pasa a la moto. Pero instantes después, la escena se repite. "Conocés a la Kawasaki", vuelve a escuchar, mientras ve la figura de la moto que se pierde a toda velocidad delante suyo. Más caliente todavía vuelve a apurar su marcha, nuevamente pasa a la moto y la deja atrás. La situación se repite varias veces hasta que en una curva encuentra al de la moto estrellado contra un árbol, al costado de la ruta. Entonces se acerca y le dice: "esto te pasa por hacerte el vivo; tanto sobrarme con el 'conocés a la Kawasaki, conocés a la Kawasaki', mirá como terminaste". El motociclista, todo magullado, sólo respondió: "qué sobrar ni sobrar, te preguntaba si conocías a la Kawasaki para que me dijeras cómo se hace para frenarla".
lunes, 4 de febrero de 2008
Sinceridad
¿No será sin embargo hora, de que asumiendo que esta es la realidad interna de cada uno, dejemos de vivir entre los practicantes religiosos, como si fuéramos personas totalmente desencarnadas, como totalmente victoriosos, como totalmente poderosos, como totalmente trasformados?
¿No sería mejor una iglesia donde "yo sé, que vos sabes, que totos estamos en la lucha"?
Te dejo la inquietud con la que me levanté hoy. Me quedo perplejo al pensar que hay quienes pueden admirarme pensando que "yo pretenda haberlo ya alcanzado". Pero ciertamente, hoy, decidí otra vez, aferrarme de Su Mano, de Su Gracia, y por eso también puedo decir: Olvido lo que queda atrás y me extiendo hacia adelante.
viernes, 11 de enero de 2008
Siempre se ha hecho así
De manera que las vías de los trenes estadounidenses tienen esa anchura debido a que hace siglos, era la medida necesaria para que cupieran los traseros de dos caballos. A eso los expertos de hoy en día, le llaman "la tiranía del siempre se ha hecho así”. Y recomiendan revisarla.
Quizá no sea tan malo que estos ferrocarriles corran por rieles con esas medidas. Lo que si debemos revisar son ciertas costumbres que no nos ayudan a llevar una vida grata.
Por ejemplo, cuántos padres se quejan de que a sus hijos no les gusta estudiar. "Lo regaño, pero él no entiende”. Y si le preguntamos cuánto tiempo llevaba aplicando esas "correcciones”, suspiran y aseguran que es una larga lucha, de años. Se sorprenden cuando se les sugiere que cambien de táctica.
Aun cuando era obvio que no daba resultado ¿por qué entonces se empeñan en aplicar formas de corregir tan poco productivas?
La respuesta está en la tiranía del "siempre lo he hecho así”. Cuando hablamos de "nuestras costumbres" solemos referirnos a conductas que repetimos por hábito, cayendo en "la tiranía del siempre se ha hecho así..."
Tenemos 2 opciones: Quejarnos, protestar, echar la culpa a los demás de lo que no funciona, o renovarnos, cambiar el enfoque, innovar y ver la nueva vida que Dios nos ha regalado!
En 2 Corintios 5:17 leemos al apóstol Pablo que dice que “si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!" Este es nuestro privilegio y nuestra gran oportunidad. Permite a Dios renovar tus actitudes y tu mentalidad. OK?
Como si fuera nuestra propia casa
Constantemente escuchamos críticas a las autoridades, de lo que sea. Vivimos un tiempo de mucha crítica. Y nos hemos habituado a escuchar y participar de las críticas. Desde los presidentes de turno, legisladores, jefes, dirigentes, patrones, empleados, obreros, a todos. Cada uno es un "especialista" como "comentador". Pero... ¿y si tuviéramos que hacerlo nosotros? ¿Si estuvieramos en la "cancha"? ¿Seríamos o actuaríamos de manera diferente? ¿Actuaríamos de otra manera? Además, ¿no es acaso cierto que si cada uno cuidara, mejorara, embelleciera su propia "vereda", toda la "ciudad" sería más bonita, si cada uno buscara su aporte significativo? Apuntemos a reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer, desde su espacio, su lugar, su formación, su influencia, y así, ser un país, una ciudad, una iglesia, una familia, etc, mejor.
Un constructor listo para jubilarse le dijo a su jefe sus planes de dejar la construcción y vivir una vida mas descansada. Extrañaría el pago pero necesitaba retirarse. El jefe se sintió mal de perderlo y le pidió si podría construir una ultima casa como un favor personal. El le dijo que si pero al tiempo se notaba que no lo hacía de corazón. Era mediocre y uso materiales inferiores. Una manera triste de terminar una carrera de dedicación. Cuando acabo el trabajo, el jefe vino a inspeccionar la casa y le entrego la llave diciéndole:"Esta es tu casa, mi regalo para ti". El constructor quedó atónito! ¡Que pena! Si el hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa lo hubiera hecho muy diferente. Y vos? Construimos nuestras vidas un día a la vez a menudo poniendo menos de lo mejor. Después con asombro nos damos cuenta que tenemos que vivir en la casa que construimos. Si pudieras empezar de nuevo ¿lo harías diferente? Tu actitud y lo que escoges hacer hoy construye la casa del mañana de tu propia vida.
viernes, 4 de enero de 2008
"Ya lo haré"
“Aga ajapóta aína”
Nuevamente iniciamos esta columna con una reflexión a partir de una descripción de algunos rasgos de nuestra idiosincrasia. Una vez leí, que no existen temperamentos buenos o malos, y que tampoco existen defectos como algo en si mismo, sino que estos, son nuestras virtudes, sin moderación, llevadas al extremo, desubicadas. Así, una persona detallista (virtud) puede volverse meticulosa perfeccionista insoportable (defecto), o una persona reflexiva, soñadora (virtud) puede llegar a ser ensimismada, súper pasiva, estancada (defecto), o, para cerrar con los ejemplos, una persona firme, intrépida, decidida (virtudes), puede convertirse, sin Cristo, y sin la obra del Espíritu Santo, en una persona atropellada e insolente.
Vemos entonces que los rasgos individuales (combinación de temperamentos) que nos hacen seres únicos y especiales, como los rasgos culturales, aquellos que nos hacen parecernos más en determinada región por lo que también se llama “herencia cultural”, no debieran ser en si mismos, malos o buenos, sino solamente eso, rasgos. Estos, por la gracia de Dios, deben ser optimizados, refinados y corregidos también.
El monseñor Saro Vera, agudo observador de nuestro pueblo paraguayo, opina que “nuestra gente sueña despierta y es perfeccionista empedernida. Hace las cosas provisoriamente y luego le sale lo provisorio para siempre. Hace poco porque su intención es hacer algo grande y digno. Y como puede hacer así porque sueña, se paraliza. Cuando se le insta demasiado, responde “Agante ajapóta aína” (ya lo haré en algún momento). Es que me falta esto y aquello.
Será entonces calculador en muchos aspectos de la vida y de las relaciones, pero nunca el tiempo ocupará sus cálculos. Nada piensa a largo plazo. Le resulta incomprensible un proyecto de largo plazo. A veces, ni siquiera considera el mismísimo mañana. Es muy capaz, de despilfarrar todo en un día lo que le hubiera servido por largo tiempo. Es inmediatista. Se despide diciendo “te veo mañana, si amanece”.
La vida entonces, se vuelve sin nada preestablecido, fluye según las circunstancias que se presentan, y considera que nada se puede hacer en espera de lo imprevisto, sino solo, seguir viviendo. Se vive al día. ¿Qué es el mañana? El mañana no existe, no constituye una realidad. Entonces, ¿para qué ocuparse de él? (Vera Saro. “Algunas antinomias del paraguayo”, El Diario Noticias, Asunción 28 de mayo de 1987).
No parece tan malo, hasta se puede considerar que se acerca más al consejo bíblico de que vivamos considerando que “basta a cada día su propio afán” (Mt.6:34) Sin embargo, la Palabra de Dios, también nos insta a considerar el mañana, el futuro, lo que viene, y a ser personas que aprendamos a calcular para emprender. "¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene lo que necesita para terminarla? No sea que después que haya puesto el fundamento, no pueda acabarla, y los que lo vean se burlen de él, diciendo: 'Este hombre empezó a edificar, y no pudo terminar” (Lc.14.28-30)
Vivamos el presente, soñemos con el mañana, y hagamos de nuestra “certeza de lo que se espera “(Heb. 11:1) una motivación para ser constructores de la iglesia, edificando vidas para la eternidad, dejando legados a nuestros hijos, y haciendo todo lo que podamos para administrar sabiamente los recursos que Dios pone a nuestro alcance.
No digamos “ya lo haré” cuando en verdad no pienso hacer nada, sino sentarme a esperar que circunstancias del futuro traigan tiempos y oportunidades mejores. Tampoco creamos que “alguien lo hará” eludiendo así nuestra responsabilidad personal, y nuestro privilegio de ser usados por Dios, para el crecimiento de su iglesia.
El desafío es claro. El momento es “ahora”. Ahora, es el tiempo. ¡Levántate, resplandece, que ha venido tu luz, y la gloria de Dios ha nacido sobre ti! (Isaías 60:1)
Hacer las cosas "a medias"
La Ley del “vaí vaí”
Siguiendo con esta serie de reflexiones a partir de aspectos de nuestra idiosincrasia, ahora trataremos sobre una ley muy nacional en mi país, y no por eso exclusiva, pero que afecta nuestra manera de vivir y hacer como Hijos de Dios.
Muchas actividades son realizadas “a lo Luque”, o “a lo Chaco”, o simplemente “a lo Paraguay”. Con estas expresiones se califica a toda acción humana realizada sin orden, método, rigor, plan, objetivos, cronogramas, razonamiento ni evaluación posterior. O sea, algo realizado en forma “guarará”, expresión onomatopéyica que simplemente es eso: “guarará”. Los gallegos suelen decir “salga lo que salga”. En el castellano paraguayo se prefiere decir “mal que mal”.
Detrás de esta expresión, se puede ver que muchas veces, el común de la gente prefiere hacer las cosas sin inquietarse mucho por el resultado. No le hará perder el sueño ni un segundo la perspectiva de que su obra sea recibida con un bombardeo de protestas, insultos, y descalificaciones. Así, el mecánico devolverá el auto con varios cables sueltos y con varios tornillos y tuercas menos. Si se le pregunta por el material sobrante, contestará sin dudar: “ko`a gringoko omoreipa ko`a mbaè” (estos gringos ponen todas estas cosas sin motivo alguno). El electricista entregará la instalación de una vivienda sin realizar la verificación final que asegure que su próximo ocupante no muera electrocutado. Este descubrirá probablemente que para encender la luz del comedor, deberá oprimir el botón de la radio, y para poner en movimiento el ventilador, tendrá que estirar la cadena del inodoro. El albañil dejará una obra con muros inclinados que haría la envida de los habitantes de Pisa, en Italia.
Lamentablemente, este rasgo cultural, tiene extendida vigencia, y se afecta a todos los niveles socio económicos. Pero subsiste la pregunta: ¿Puede Dios transformar aún aquellos rasgos culturales, cuando estos sean defectuosos y afecten la manera de ser y vivir de los cristianos? ¿Nos conformaremos con decir, así somos los paraguayos?
La propuesta de la Palabra de Dios, es que “todo se haga decentemente y en orden” (1 Cor.14:40). Además el sabio Salomón nos dijo inspirado por Dios que “el hombre entendido y sabio mantiene el orden” (Prov.28:2)
Nuestra profeta moderna agrega:
No se glorifica a Dios cuando aquellos a quienes ha llamado de las tinieblas a su luz admirable son desaliñados, sucios y descuidados. Tenemos que copiar el Modelo divino en lo que a orden y limpieza se refiere, y si el cielo es deseable y atractivo quiero que el lugar donde moro sea atractivo en su sencillez y su orden. Estamos causando impresión sobre los que nos observan. El Señor es amante de lo bello (...) que todos los que nos observan puedan ver que nosotros, por causa de nuestra fe, no descendemos al nivel de lo vulgar, ni somos desprolijos ni desaliñados. . . Todos los que los observan deben ver que porque creen que el Señor viene pronto, se están preparando para un cielo puro y santo, y lo están haciendo aquí mismo, mediante la pureza, la limpieza y la santidad. Si así lo hacen se sentirán en casa cuando se los invite a las mansiones celestiales. . . (Manuscrito 28, del 18 de noviembre de 1889, "Un sueño significativo").
Al pensar en las múltiples tareas que el Señor nos asigna en Su Viña consideremos las maneras en las que Dios puede perfeccionar en nosotros el hacer las cosas de una manera más ordenada, completa, linda. O sea, que seamos hallados “Fieles en toda prueba”